Los peculiares sistemas defensivos del mastuerzo bárbaro le permiten protegerse tanto de los animales herbívoros como de las plantas competidoras. La estrategia consiste en generar una serie de sustancias tóxicas para asegurarse un rápido y seguro crecimiento.

Ya sea desde nuestro vehículo o a través de la ventanilla del tren, no será difícil localizar ejemplares de mastuerzo bárbaro u oriental (Cardaria draba) durante los anhelados desplazamientos veraniegos. Es una especie abundante en toda Europa y fácil de reconocer, incluso a cierta distancia. Ocupa casi siembre grandes extensiones salpicadas por miles de florecillas blancas, lo que refleja su renuencia a compartir el terreno con otras plantas. En efecto, sus agresivos estolones invasores, la capacidad para inhibir el crecimiento de otras hierbas y un eficaz arsenal de defensas químicas hacen que sea prácticamente inmune a los depredadores y le otorga cierta primacía frente a las demás plantas que compiten por el mismo hábitat.

Aunque, para alcanzar tan amplia área de distribución, algo tuvieron que ver nuestros medios de transporte. Fue a través de carreteras, vías férreas y puertos marítimos como esta especie logró propagarse por la mayor parte de Europa. Todo parece indicar que, durante la Segunda Guerra Mundial, las semillas del mastuerzo bárbaro viajaron miles de kilómetros mezcladas con los cereales que circulaban para abastecer a las tropas. De esta forma se ha extendido por buena parte de Eurasia y ha llegado a alcanzar el sur de Finlandia.

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Artículo publicado en
Revista Quercus nº 319

Un suave aroma a miel

Así pues, el mastuerzo bárbaro es una planta ruderal, lo que significa que aparece en hábitats degradados por el hombre, como bordes de caminos y retales urbanos. Prefiere los suelos profundos y nitrogenados, aunque su alta capacidad de resistencia le permite vivir incluso en suelos salinos. Se establece en tierras bajas, por lo que es inútil buscarlo por encima de los 1.550 metros de altitud. Originario de Europa y el suroeste de Asia, se ha introducido involuntariamente en la mayor parte de las regiones de clima templado, aunque también es capaz de colonizar zonas áridas y semiáridas (1). En la actualidad se encuentra ampliamente distribuido por América, Asia oriental y Australia.

La abundancia de esta planta y su arraigo en los núcleos urbanos ha favorecido también la proliferación de nombres comunes (2). Además de los ya mencionados, la especie se conoce en castellano como capellanes, draba, floreta, hierba blanca y lobón de huerta. En gallego se denomina “erva-da-fome”, en vasco “lanfina zuria” y en catalán “babol” y “papola”.

Sin embargo, su clasificación taxonómica ha seguido un camino más bien laberíntico. La planta ha cambiado hasta en trece ocasiones de denominación científica y se ha incluido en nueve géneros distintos. Eso sí, todos dentro de la familia de las Crucíferas, que también incluye a berzas y coles. El nombre actual del género, Cardaria, proviene de la palabra griega kardia, que significa “corazón”, en referencia a la forma de su fruto. En cuanto a la denominación específica, draba, coincide con su antiguo nombre vulgar.

El mastuerzo bárbaro es planta perenne y herbácea que edifica su parte aérea a partir de rizomas. Los tallos, de porte erecto, pueden alcanzar de 10 a 55 centímetros y las hojas son alternas, de color verde grisáceo, obovadas y de tamaño muy variable (de 1’5 a 10 cm). Las inferiores son pecioladas y están más o menos divididas, mientras que las medias y las superiores se abrazan al tallo (amplexicaules) y tienen el margen más o menos dentado. A principios o mediados de verano surgen abundantes florecillas en el extremo de los tallos, aunque la planta puede florecer mucho antes en regiones de clima cálido. Las pequeñas flores blancas del mastuerzo bárbaro tienen solo cuatro pétalos (como el resto de las crucíferas) y se agrupan en densas inflorescencias. Dichas flores atraen a innumerables insectos gracias a que emiten un suave aroma a miel. El fruto es pequeño y, como ya se ha mencionado, tiene forma acorazonada. La planta se reproduce tanto a partir de semillas como de las yemas de raíz, lo que le otorga una doble ventaja.

Guerra química

El mastuerzo bravo se protege eficazmente contra los herbívoros a través de un ingenioso proceso conocido como cianogénesis. Dispone de un glucósido cianogénico, que no es tóxico, y de una enzima hidrolítica, es decir, capaz de producir sustancias más simples mediante la intervención de moléculas de agua. Curiosamente, ambos componentes se encuentran alojados en lugares distintos. Sin embargo, cuando la planta sufre cualquier daño, dichos compartimentos se rompen y permiten la interacción del glucósido con la enzima, lo que da lugar a la aparición de ácido cianhídrico, es decir, cianuro. De esta manera, si un herbívoro decide depredar las hojas del mastuerzo, romperá los compartimentos y liberará el cianuro, un poderoso veneno que actúa tanto en animales como en plantas paralizando la respiración celular.

Otras agresiones, como un exceso de pisoteo e incluso una helada, una sequía severa o una fuerte granizada, pueden producir el mismo efecto y generar síntomas de autotoxicidad. De hecho, se ha comprobado que las especies que utilizan este sistema defensivo, deben reducir la producción de sustancias tóxicas en regiones de clima frío (3). Allí donde se encuentra el mastuerzo bárbaro suele ser la especie dominante, lo que sugiere capacidad para producir sustancias tóxicas también para otras plantas, fenómeno que se conoce como alelopatía.

Estas mismas propiedades tóxicas hacen que las semillas del mastuerzo tengan un sabor picante, por lo que fueron empleadas antaño como sustitutas de la pimienta negra. Un uso ya recogido por Dioscórides en el siglo I, quien incluye en sus escritos varias recetas para preparar tisanas con estas semillas (4). Es curioso cómo, a pesar de su toxicidad, el mastuerzo puede consumirse incluso en ensalada o cocido al vapor. Pero más vale ser prudentes y no embarcarse en pruebas de dudoso resultado.

Bibliografía


 (1) Castroviejo, S. y otros autores (1993). Flora Ibérica. Plantas vasculares de la península Ibérica e islas Baleares. Vol. IV: Cruciferae – Monotropaceae. Real Jardín Botánico (CSIC). Madrid.
(2) Álvarez Arias, B.T. (2006). Nombres vulgares de las plantas en la península Ibérica e islas Baleares. Tesis doctoral inédita. Facultad de Ciencias. Universidad Autónoma de Madrid. Madrid.
(3) Rosenthal, G.A. (1998). Defensas químicas de las plantas superiores. En Los recursos de las plantas, 75-81. Temas de Investigación y Ciencia. Barcelona.
(4) Dioscórides, P. (1998). Plantas y remedios medicinales (de materia Médica). Libros I-III. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid.