Con la idea de celebrar la llegada del nuevo año decidimos casi de forma impulsiva visitar durante 10 días las tierras maltesas y recorrer sus islas más importantes (Malta y Gozo). Y allí nos acogieron cálidamente durante parte de las fiestas navideñas los amables malteses con los que pasamos buenos momentos. Descubrimos unas islas colmadas de abundante historia y bellas ciudades, de complejas conquistas y reconquistas a lo largo de su pasado tormentoso. Consecuencia de todo ello, o tal vez por la excesiva población que ha de acoger en su reducido territorio, son anecdóticos los lugares naturales que se conservan.

Pero aun así, el viaje valió la pena. Aprendimos mucho de historia y del valor de los malteses en circunstancias difíciles; descubrimos bellas ciudades, exploramos paisajes tradicionales y conocimos algunas curiosidades de la flora local y alóctona. Y quizá de todas las anécdotas botánicas la que más nos llamó la atención fue la historia de una peculiar planta conocida por los malteses como fungus rock. Una historia que ahora os queremos trasladar a vosotros.

Isla Gebla tal-General

Isla Gebla tal-General

Todo comenzó en un pequeño islote, localizado en el extremo oeste de la isla de Gozo, conocido por los lugareños como “Gebla tal-General” (la roca del general). Aunque esta pequeña isla, se encuentra separada de la costa tan solo unos pocos metros presenta, sin embargo un acceso difícil dada su altura considerable de más de 50 metros y una orografía escarpada. Según la leyenda, fue este terreno donde un comandante de la Orden de San Juan descubrió la planta que llamarían “Gherq Sinjur” o como es más conocida en la actualidad “fungus rock”.

Louis Abraham Ducros.

Ilustración 11 Louis Abraham Ducros.
Acuarela de Dwejra bay con Fungus Rock (1778).
De J. W. Niemeijer y J. Th. De Booy (ed.),
Voyage en Italie, en Sicile et à Malte – 1778 (Paris, 1994)

Desde su hallazgo, los Caballeros de San Juan protegieron celosamente esta planta, al ser considerada milagrosa, pues se aseguraba poseía asombrosas cualidades medicinales. Durante el año 1637, con ese objetivo, evitar el robo de “fungus rock” y proteger el extremo oeste de la isla de posibles incursiones, los caballeros construyeron la torre de Qawra.

torre-imagen

Torre Qawra

Alzado torre Qawra

Alzado torre Qawra

torre Qawra

Planta torre Qawra

Sin embargo, algo más de un siglo después, en 1744, el Gran Maestre Pinto viendo la escasez de estas plantas y el aumento de su valor, transformó el pequeño islote en un espacio completamente inaccesible. Hasta la mitad del siglo pasado, las autoridades mantuvieron custodiado este lugar. Quien osase pisar la roca era severamente castigado. Tan solo a través de una robusta cuerda (como se puede ver en antiguos gravados de la época), extendida entre el islote y tierra firme se permitía a los recolectores autorizados acceder a los lugares donde crecía la misteriosa planta.

Fungus Rock

Ilustración del paso a la isla para recoger Fungus Rock

Propiedades mágicas

Como ya se ha mencionado, en tiempos de la Orden de San Juan se creía que el extracto de la planta poseía grandes propiedades farmacológicas. Con cierta exageración, se aseguraba que era capaz de curar la mayoría de los males, lo que le otorgó una extraordinaria fama durante la Edad Media. La teoría de las signaturas quiso ver una clara similitud entre su flor y el órgano sexual masculino, por lo que se le dieron las propiedades de tratar cualquier enfermedad relacionada con problemas sexuales.

Se empleó para contener hemorragias y prevenir infecciones. Según se aseguraba, era capaz de curar la disentería y las úlceras. Se trataba con ella apoplejías y enfermedades venéreas. Llego a ser tan valorada que los árabes llamaron a esta hierba “el tesoro de las medicinas”. Era tal su valor que la Orden de San Juan la ofrecía como presente a los reyes de Europa, familias nobles y otros benefactores.

Hoy en día, aunque se ha comprobado que posee algunas propiedades medicinales contra la disentería, eficaz como laxante y contra la impotencia, nada tiene que ver con las abundantes cualidades curativas que se le otorgaron siglos atrás.

Una curiosidad botánica

Sin embargo, como ya hemos ido desvelando, a pesar de ser conocida como “fungus rock” no se trata de un verdadero hongo. En realidad, es una curiosa planta conocida científicamente como Cynomorium coccineum L., perteneciente a la familia Cynomoriaceae. La etimología de su nombre genérico alude al parecido de sus flores con el órgano sexual masculino, del griego: kynós = perro y morión = pene. El término específico, coccineum, de origen latino, se refiere al color encarnado de sus flores. En castellano posee numerosos nombres pues es conocida como carajos de lobo, carajos de moro, chumberillo, cipote, esponja de Malta, hongo de Malta, jopo de lobo o, simplemente, jopo de Malta.

Cynomorium coccineum

Cynomorium coccineum L.
Fuente: http://www.phytoimages.siu.edu

Destaca por ser una planta con una gran flor que puede alcanzar de 15 a 30 cm de altura. La planta está desprovista de hojas, lo que hace difícil su localización cuando no está en el periodo de floración o fructificación, durante la primavera. Al no poseer hojas y, por lo tanto, no tener la capacidad de producir su propia energía, es necesariamente parásita. Para sobrevivir debe alimentarse de especies de la familia de las Chenopodiaceae y otras especies halófilas que crecen a su alrededor. Para ello dispone de unas pequeñas estructuras similares a ventosas, conocidas como haustorios, que le permiten extraer de las raíces de las especies vecinas sus sustancias nutritivas.

Presente en todo el mediterráneo

Pero a pesar de lo que pueda parecer, no crece en exclusiva en la isla de Gozo, ni es tan escasa como las crónicas aseguran. En realidad su distribución se extiende por buena parte de la Cuenca Mediterránea (España, Portugal, Siria e Israel), norte de África incluyendo el Sáhara, la península Arábiga (desde Arabia Saudí a Irán) y Afganistán, así como las estepas de Asia Central (China, Kazajistán, Mongolia y Uzbekistán); alcanzando por el oeste Lanzarote (Islas Canarias). En la península ibérica se cita su presencia en su mitad sur. En especial en zonas litorales, desde el Algarve portugués hasta Alicante, y en algunas zonas interiores (Albacete, Cádiz, Jaén, Murcia, Granada, Huelva y Palma de Mallorca).

Si bien es cierto, que la distribución de Cynomorium coccineum es peculiar, al crecer las poblaciones aisladas entre sí y poseer extensiones reducidas, debido fundamentalmente a sus requerimientos ecológicos y a la fragmentación de su hábitat.

Nosotros, a pesar de nuestra infructuosa búsqueda, no pudimos llegar a ver la planta, ni tan siquiera sus restos. Pero allí estuvimos, delante del islote “Gebla tal-General” y subimos a la recientemente restaurada torre de Qawra, desde donde se custodiaba esta planta peculiar. Y así pudimos imaginar aquellos momentos gloriosos de la Orden de San Juan donde se creía que custodiaban una planta casi mágica que era capaz de curar casi todos los males. Animaros a ir, quizá otros tengáis más suerte…


Bibliografía:

Anónimo (2013), Malta, Gozo y Comino. Centro Stampa Editoriale Bonechi. Malta.
Weber, B. K. / Kendzior, B. (2006), Flora of the Maltese Islands. A Field Guide. Margraf Publishers. Weikersheim (Alemania).
Blasi, A. (2013), Malta y Gozo. Lonely Planet Publications. Geoplaneta. Barcelona.
Castroviejo, S. (1997), Flora ibérica. Tomo VIII. CSIC. Madrid.
López-Sáez, J. A. (2002), Plantas parásitas de la península ibérica e islas Baleares. Mundi-Prensa. Madrid.