Las llamativas flores de la margarita de El Cabo (Arctotheca calendula), 
una planta introducida procedente de Sudáfrica, pueden verse a lo largo 
de todo el año en nuestras zonas costeras.

 

La margarita de El Cabo ha proliferado mucho en las costas españolas durante los últimos años, éxito muy relacionado con sus eficientes y variados sistemas de multiplicación. No obstante, las causas de tan rápido desarrollo parecen deberse a la degradación de los ecosistemas dunares y, por supuesto, al amplio uso de esta especie africana como planta ornamental. Su desmesurada expansión a lo largo del litoral ha puesto en alerta a diferentes administraciones públicas.
Conocida con nombres tan familiares como margarita, maravilla o caléndula de El Cabo (Arctotheca calendula) procede evidentemente de la península de El Cabo, situada en el extremo meridional de Suráfrica, donde habita en dunas y ambientes litorales. A día de hoy, sin embargo, son numerosos los lugares del planeta, entre ellos España, donde se ha detectado su masiva presencia, sobre todo en aquellas zonas con características ambientales similares a las de su lugar de origen. De hecho, está clasificada como planta invasora en varios países de América del Sur, al igual que en Estados Unidos (especialmente en California), Australia, Nueva Zelanda, Japón y la mayor parte de la región circunmediterránea. En la península Ibérica se distribuye tanto por la costa atlántica como por la mediterránea y nunca se aleja demasiado de la influencia marina.
La primera cita europea de margarita de El Cabo corresponde a Portugal y se remonta a finales del siglo XVIII. Hubo que esperar algo más de un siglo, hasta 1925, para que se localizara en España, concretamente en unos arenales costeros de la provincia de Cádiz. Lo más probable es que se asilvestrara a partir de su uso masivo en parques y jardines como planta ornamental. Una vez escapada, logró alcanzar la costa y establecerse a lo largo del litoral (1). No obstante, hay quien ha sugerido que en algunos lugares se introdujo accidentalmente al venir mezcladas sus semillas con abonos naturales importados de Suráfrica.
El nombre genérico,Arctotheca, deriva de dos palabras griegas: arktos, que significa oso, y theke, que equivale a cápsula o caja, en alusión a las densas fibras que componen sus frutos. El término específico calendula proviene del latín calendae, de las “calendas” que designaban el primer día del mes en tiempos de los romanos. Ello se debe a que esta planta florece en todos los meses del año, incluso durante los inviernos si no son muy fríos (2).  
Una competidora nata
La margarita de El Cabo puede ser una planta anual o vivaz, según las temperaturas de cada región. Forma una roseta basal durante sus primeras etapas de desarrollo, para comportarse después como reptante. Las hojas, lobuladas o profundamente dentadas, son muy variables, de 7 a 20 centímetros de longitud, con abundante pilosidad por el haz y blanco tomentosas por el envés. Las flores aparecen en capítulos de 3 a 5 centímetros de diámetro, dotados de largos pedúnculos sin hojas. Las flores externas son estériles y están dotadas de una lígula (falso pétalo) de color amarillo. Por el contrario, las internas, tubulares y hermafroditas, son de una tonalidad negruzca que contrasta con el dorado de las lígulas. Como se ha referido, florece prácticamente en cualquier época del año, aunque prefiere los meses de primavera, cuando sus flores son más abundantes. Tras la floración se forma un fruto muy piloso, dotado de fibras que facilitan su diseminación.
Y es precisamente su éxito reproductivo, ligado a las adaptaciones al ecosistema costero, lo que ha favorecido su rápida expansión. A diferencia de otros integrantes de la familia de las Compuestas, la margarita de El Cabo ha optado por ampliar sus medios de propagación. Además de utilizar el viento como eficaz agente dispersor, el abundante vilano que rodea a la semilla se adhiere con facilidad al pelaje de los animales, e incluso a la ropa de las personas, lo que asegura un fácil transporte. Por otra parte, sus semillas son capaces de permanecen hasta ocho años en estado de latencia, a la espera de unas condiciones favorables para germinar. Pero todavía hay más, pues la reproducción vegetativa le otorga otra vía alternativa. La capacidad de esta planta para emitir múltiples estolones le permite tapizar uniformemente todo su entorno, de tal forma que en condiciones favorables es capaz de cubrir hasta 18 metros cuadrados en un solo año, desplazando a cualquier otra especie. Además, sus tallos enraízan sin dificultad y también puede propagarse a través de los tubérculos de sus raíces (3). Por todo ello, la margarita de El Cabo no debe emplearse como planta ornamental, a pesar de su indudable belleza, pues desplaza eficazmente a la flora nativa y puede convertirse en un problema ambiental difícil de controlar.
Tan atractiva como peligrosa
Además de todo lo anterior, su alta resistencia le permite establecerse en suelos costeros arenosos, en comunidades nitrófilas de playas y en medios urbanos marginales. Tolera la sequía y crece en suelos bien drenados. Sin embargo, es sensible a las heladas: con temperaturas cercanas a 0°C las plantas pueden quedar muy dañadas, lo que sin duda evita la expansión de la especie hacia el interior. En su defensa cabe añadir que, como otras especies foráneas, su éxito suele verse favorecido por las actividades humanas más impactantes. Por ejemplo, puede sacar partido de la nitrificación y el pisoteo del suelo, de manera que sólo representa un impacto secundario con respecto al origen real del problema (4).
El control de la margarita del Cabo se hace mediante escardas, procurando arrancar la planta completa, incluidos los estolones y los tubérculos, lo que hace muy laboriosa su erradicación. En Estados Unidos y Australia, donde hay grandes extensiones colonizadas por esta planta, se han empleado herbicidas con glifosato. Pero, sorprendentemente, algunas poblaciones se han hecho inmunes a este producto tóxico (3).
El 14 de noviembre de 2011 la margarita de El Cabo fue incluida en el Anexo II (Listado de especies exóticas con potencial invasor) del Real Decreto 1628/2011, que regula a las especies exóticas invasoras en España. Sin lugar a dudas, la primera premisa es derrochar prudencia y sentido común a la hora de elegir plantas ornamentales exóticas en las cercanías de los ecosistemas naturales. Por mucho que nos atraiga la belleza y resistencia de algunas especies, no debemos olvidar que pueden desplazar a los integrantes de la flora autóctona. No sólo ponen en peligro a nuestros ecosistemas más frágiles, sino que hacen que sea mucho más difícil recuperarlos.

Bibliografía


 (1) Sanz Elorza, M. y otros autores (2004). Atlas de las plantas alóctonas invasoras en España. Ministerio de Medio Ambiente. Madrid.
(2) Amaia, K. y otros autores (2003).Flores silvestres de Bizkaia. Una mirada estética. BBK. Bilbao.
(3) Medina, M. (2006). Arctotheca calendula (L.) Levyns; Asteraceae (Compositae); especie invasora de suelos arenosos en la Región de la Araucanía (IX) Chile. Chloris Chilensis, Año 9, nº 1 (disponible en: http://www.chlorischile.cl).
(4) Dana, D. y otros autores (2005). Especies vegetales invasoras en Andalucía. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía. Sevilla.